Podemos considerar el sistema nervioso y sobre todo el cerebro como eje del desarrollo humano. Regula todas las funciones del organismo e impulsa la evolución de la persona en todas las dimensiones.

Durante el embarazo se inicia la formación del cerebro y del resto del sistema nervioso. Esta formación culmina antes del sexto año de vida. Está suficientemente probado que la educación temprana favorece el desarrollo del cerebro y la maduración del sistema nervioso.

Sistema nervioso
El sistema nervioso central, además de la médula espinal, tiene el encéfalo en cuya parte anterior y superior se encuentra el cerebro. Está dividido en bulbo raquídeo, cerebelo, protuberancia, mesencéfalo, diencéfalo, telencéfalo y puente de varolio.
El sistema nervioso periférico se divide a su vez en sistema somático y sistema vegetativo o visceral.

El sistema somático está formado por los nervios craneales y espinales; unos son sensoriales (reciben los estímulos del mundo exterior y mantienen el cuerpo en contacto con él), y otros son motores (gobiernan las respuestas de nuestro organismo ante esos estímulos).

El sistema vegetativo (visceral o autónomo) controla el medio interno: gobierna la respiración, el ritmo cardiaco, los movimientos intestinales y todas las demás actividades fisiológicas, incluso las respuestas físicas de las emociones, como el sudor de las manos que acompaña al miedo.

el cerebro está compuesto de células nerviosas llamadas neuronas.
LAS NEURONAS se dividen en tres partes: cuerpo celular, dendritas y neuritas o axones, y con ayuda de diferentes componentes electroquímicos, efectúan el trabajo cerebral.
Si una neurona se lesiona o muere no puede ser reemplazada.

La información tomada por los sentidos, se transmite a través de los nervios y es recogida en el cerebro por las dendritas del área correspondiente al sentido en cuestión. Las dendritas pasan el mensaje al cuerpo de la célula y éste decide que hacen con la información. Puede archivarla, compartirla con otras células y/o reaccionar ante ella. La respuesta la transmitirá el axón en dirección al bulbo terminal.

Cada célula reproductora tiene una dotación de 46 cromosomas y la mielosis (un tipo especial de división celular) provoca que el número de cromosomas se reduzca a la mitad, esto es, 23. Cuando el óvulo es fecundado por el espermatozoide se obtienen los 46 cromosomas, 23 de cada progenitor. En este momento la herencia biológica del nuevo ser queda determinada.

Los caracteres hereditarios pasan de padres a hijos a través de los genes que se encuentran en el núcleo de las células reproductoras. En este núcleo están unos órganos filiformes llamados cromosomas, cada uno de ellos está formado por miles de genes, se componen de ácido desoxirribonucleico (ADN) que es quién transfiere la herencia.

La HERENCIA GENÉTICA marca las directrices que condicionan la talla, el peso, la constitución y otros aspectos físicos como el color de pelo, ojos, etc. También puede marcar, entre otras cosas, la predisposición a enfermedades.

Las neuronas son como cables que conducen estos impulsos y necesitan aislamiento para transmitir rápida y eficazmente los mensajes. Por eso se revisten de una capa protectora hecha de proteína llamada MIELINA.

La mielinización se inicia durante el embarazo con las células cerebrales y es la base de maduración del sistema nervioso. Procede siguiendo dos leyes neurológicas:
LEY CEFALOCAUDAL. La mielinización procede de la cabeza a los pies.

LEY PROXIMODISTAL. El proceso se hace progresivamente desde el centro del cuerpo hacia las extremidades.

La estimulación prenatal y neonatal, así como la recibida en los primeros tres años de vida, afecta y promueve el desarrollo de conexiones neuronales.

Para comprender más fácilmente en qué períodos de la vida del niño son más relevantes las técnicas de estimulación, podemos marcar los tiempos aproximados en el desarrollo del cerebro:


LA NEUROLOGÍA EVOLUTIVA estudia el desarrollo del sistema nervioso en los primeros años de vida. Compara los resultados del examen neurológico con el patrón de evolución normal esquematizado por trimestres de edad del niño.

En el momento de nacer se pueden explorar al menos 70 signos neurológicos, este examen progresivo se irá enriqueciendo con los datos aportados por el seguimiento posterior. El seguimiento neurológico, junto con los resultados de una valoración de reacciones afectiva, de sociabilidad psicomotora, etc. diagnostica la normalidad del niño. En esta exploración básicamente se valora:

El tono
TONO MUSCULAR ACTIVO es el que se refiere al desarrollo de las adquisiciones motoras: control de la cabeza, sedestación y mantenimiento en bipedestación principalmente.

TONO MUSCULAR PASIVO: su valoración se basa en la extensibilidad de los segmentos corporales y, de forma complementaria, en el movimiento de las extremidades (ángulo de aductores, talón-oreja, postura de muslos en hiperextensión, ángulo poplíteo, ángulo de dorsiflexión del pie, maniobra de la bufanda, etc.).

El examen neurológico y el seguimiento posterior debe ser realizado por el Pediatra o bien por el Neurólogo. La función del padre al respecto será la de observador que aplica sus conocimientos a la correcta aplicación del programa de estimulación.

Los reflejos.

En el momento de nacer el bebé dispone de respuestas automáticas ante determinados estímulos que favorecen la adecuación al nuevo ambiente. A estas respuestas las denominamos reflejos. Podemos distinguir los reflejos primarios o arcaicos y los secundarios o respuestas posturales.

En el momento de nacer el bebé dispone de respuestas automáticas ante determinados estímulos que favorecen la adecuación al nuevo ambiente. A estas respuestas las denominamos reflejos. Podemos distinguir los reflejos primarios o arcaicos y los secundarios o respuestas posturales.

LOS REFLEJOS ARCAICOS O PRIMARIOS están presentes durante los primeros meses de vida. La fecha en que desaparecen puede ser variable, aunque su persistencia después de los cinco meses debe ser motivo de una exploración más profunda por parte del Neurólogo. Estos son algunos de los reflejos primarios habitualmente explorados:

Reflejo de succión. Al colocar cualquier objeto rozando los labios, el bebé succiona repetidamente.
Reflejo de deglución. Completa al anterior y permite la correcta alimentación del niño.
Reflejo de los cuatro puntos cardinales. Se encuentra relacionado con los dos anteriores y persiste hasta los dos meses. Al tocar la mejilla, el recién nacido desplaza la boca hacia el lado presionado. Del mismo modo flexiona la cabeza al tocarle la barbilla o la frente.
Reflejo de marcha automática. Con el niño en posición vertical, cogido por las axilas, con los pies en contacto con una superficie dura, se le inclina ligeramente hacia delante. En esta posición el bebé adelanta alternativamente los pies, como si caminase.
Este reflejo suele desaparecer entre los dos o tres meses de edad.
Reflejo de prensión palmar. Al colocar cualquier objeto pequeño en la mano, se provoca una fuerte reacción de prensión en los dedos (grasping). Esta prensión suele desaparece entre los dos y los cuatro meses.
Reflejo de respuesta a la tracción. Cuando se obtiene la prensión de los dedos de ambas manos antes descrita sobre los dedos índice del adulto, o sobre una barra del mismo grosor, el niño es capaz de mantenerse suspendido en todo, o parte de su peso.
En el segundo trimestre el reflejo de prensión es sustituido por la prensión voluntaria, de modo que al colocar el adulto sus dedos el bebé los tomará como punto de apoyo para intentar llegar a la postura de sentado.
Reflejo tónico-asimétrico del cuello. El niño, echado sobre su espalda, gira la cabeza hacia un lado y mantiene los brazos en la postura de un "espadachín", esto es, el brazo del lado hacia el que gira la cabeza extendido, y el otro tónicamente flexionado a la altura del hombro. Las piernas suelen estar cruzadas.
Este reflejo se observa durante el primer trimestre de vida. La posición favorece la fijación visual del bebé, ya que durante largos períodos de tiempo observa como su mano se abre cierra, o bien experimenta las sensaciones cuando roza con ella la ropa, los barrotes de la cuna, etc. Posteriormente observa los movimientos que realiza voluntariamente con la mano.
Reflejo de moro. Consiste en una flexión del tronco, hombros, caderas, manos y pies, a la vez que se extienden codos, rodillas y dedos; todo ello seguido de llanto. Esta reacción se obtiene al fingir una caída hacia atrás del niño.
Durante el primer trimestre el reflejo es completo, a lo largo del segundo la respuesta se limita a abrir las manos y posterior llanto. Más tarde desaparece.
Reflejo de prensión plantar. Cuando un objeto fino, por ejemplo un lápiz, roza la parte posterior del dedo pulgar del pie, provoca que los dedos se flexionen, llegando incluso a retener el objeto.
Este reflejo desaparece más tarde, aproximadamente a los nueve meses.
Reflejos oculares, principalmente:
Cleopalpebral. Los párpados de los ojos se cierran si aparece bruscamente una luz intensa o un ruido fuerte cerca del niño.
Ojo de muñeca. Se manifiesta a lo largo del primer mes. Cuando se desplaza la cabeza del bebé hacia un lado, los ojos parecen moverse hacia el lado contrario. El reflejo desaparece cuando el niño establece la fijación visual.
Reflejos secundarios o respuestas posturales. Aparecen con posterioridad a los reflejos primarios. Son de relevante importancia en e seguimiento de la evolución neurológica y se incluyen como automatismos en la conducta del ser humano a lo largo de toda su vida. Destacan entre todos los siguientes:
Reacción de propulsión lateral y posterior. Cuando el niño se sitúa en sedestación independiente, se le empuja de forma lateral, a la altura del hombro, extiende entonces el brazo del lado opuesto intentando parar la caída.
Del mismo modo, cuando se empuja al niño hacia atrás, las manos buscan el apoyo para mantener el equilibrio.
Reflejo de paracaídas. Se mantiene al niño en suspensión ventral, sujeto por los costados y se le inclina bruscamente hacia delante. El niño realiza un movimiento brusco para protegerse de la caída, con extensión de los brazos y abertura de las manos.
Este reflejo aparece entre los seis y nueve meses y, como en los anteriores, su ausencia puede ser indicativa de alguna lesión neurológica. De ahí la importancia de su exploración.
El seguimiento de la aparición o ausencia de los reflejos que han sido descritos no presenta grandes dificultades para el educador. Debe tenerse en cuenta, a la hora de realizar una programación de actividades, e incluso una serie de ejercicios encaminados a estimular estos reflejos en el período adecuado.
ESTAS SON LAS COSAS MAS SOBRESALIENTES E IMPORTATES DE LAS QUE SE ENCARGA LA NEUROLOGÍA EVOLUTIVA. ADEMÁS DE LOS SÍNDROMES DE LOS CUALES SE HABLOÓ EN EL TRABAJO.