A principios del siglo
xx, otro científico llamado Svante Arrhenius propuso que la vida había llegado
a la Tierra en forma de bacterias, procedente del espacio
exterior, de un planeta en el que ya existían. A esta teoría se le pueden poner
dos objeciones: la primera, que no explica cómo se había formado la vida en ese
planeta ficticio y segunda, que sería imposible que cualquier forma de vida
lograra atravesar la atmósfera de la Tierra sin quemarse, porque se ha
comprobado que cuando llega a penetrar algún meteorito en el planeta, alcanza
temperaturas muy elevadas.

