Las Diferentes Culturas

 

Ciertas actitudes sociales obstaculizan la prevención de suicidios. Algunas de ellas forman un conjunto de creencias erróneas que establecen que no se puede hacer nada al respecto: "Si tiene que suceder, pues ha de suceder." "No vale la pena tratar de ayudar, porque estas personas tienen problemas tan enormes que no se puede hacer nada." "El suicidio ha estado entre nosotros desde siempre; no vamos a cambiar este hecho." "Déjenlos tranquilos. Si los suicidas desean quitarse la vida, pues es su problema."

Las actitudes punitivas conforman otro obstáculo para la prevención del suicidio. Estas actitudes parecen ansiosas de castigar el comportamiento suicida y a menudo culpan a los que viven por las muertes por suicidio. Crean un ambiente de ocultamiento del comportamiento suicida en el que las personas con pensamientos suicidas permanecen reacios a hablar. Estas actitudes punitivas se vienen acarreando desde los tiempos en los que el suicidio era considerado un crimen y un pecado imperdonable, y cuando a quienes se suicidaban se les negaba una cristiana sepultura.

La incapacidad para percibir a la depresión grave como una enfermedad también obstruye la prevención del suicidio. Algunas actitudes equívocas conciben a la depresión grave como una deficiencia del carácter, una debilidad humana o una rara condición incurable y permanente. Quienes así la consideran, comunican a las personas deprimidas que deberían "alivianarse" y sentir vergüenza o apenarse por cómo se sienten. En realidad, la depresión clínica es una enfermedad que implica cambios en la química del cerebro. Es una de las enfermedades más comunes, y puede ocurrirle a personas que no tienen ninguna razón aparente para "estar deprimidas." Aunque con frecuencia no se atiende la depresión clínica porque simplemente no se le identifica como tal, se trata de una enfermedad mental muy curable. Las personas deprimidas no se pueden curar por sí mismas, pero pueden recibir la ayuda de profesionales mediante medicamentos o terapia, o a través de una combinación de los dos. El suicidio no es una consecuencia inevitable Cni aceptable de la depresión.

Los expertos nos aclaran algunos de los más comunes malentendidos que obstaculizan la prevención del suicidio:

!MITO: Las personas que hablan de suicidarse rara vez terminan haciéndolo; sólo desean llamar la atención y se les debe retar a que lo hagan, para poder entonces desenmascararlas. La verdad es que las personas que hablan de suicidarse están hablando en serio, y pueden estar dando pistas o señales oportunas de sus intenciones. A estas personas no se les debe desafiar, sino brindarles asistencia para que puedan obtener ayuda profesional.

!MITO: Una persona que ha llevado a cabo intentos serios de suicidio es poco probable que realice otro. La verdad es que las personas que ya han intentando suicidarse están a menudo en un riesgo mayor de terminar lográndolo. Un intento de suicidio es un grito pidiendo ayuda y un aviso de que algo anda terriblemente mal y que debe ser tomado con la máxima seriedad.

!MITO: La persona suicida desea morir y siente que no hay marcha atrás. La verdad es que las personas suicidas a menudo se sienten indecisas respecto de morir. A menudo pasan por un largo proceso en el cual intentan diversos modos de reducir su profundo dolor emocional. Entre sus contradictorios deseos de vivir y de morir la decisión oscila de un lado al otro, incluso en el momento mismo en que se están quitando la vida.

!MITO: La mayoría de las personas que se quitan la vida han tomado una decisión cuidadosa, bien ponderada y racional. La verdad es que las personas que consideran el suicidio a menudo tienen al respecto una "visión de túnel": en medio de su insoportable dolor se encuentran cegados para percibir otras alternativas disponibles. Con frecuencia el acto de suicidarse es impulsivo. Si el sufrimiento y el dolor se reducen, la mayoría de los suicidas potenciales opta por vivir.

!MITO: Andar preguntando acerca de los sentimientos del suicida puede llegar a ocasionar que uno intente suicidarse. La verdad es que el preguntarle a una persona acerca de sus sentimientos suicidas le brinda la oportunidad de obtener la ayuda necesaria para salvarle la vida. Quien pregunta debe inquirir al suicida en potencia si tiene ya un plan formulado y si tiene acceso a los medios para llevarlo a cabo. Si se llegan a juntar la intención, un plan y los medios, no debe dejarse un minuto sola a la persona suicida, sino que debe ser ayudada para recibir tratamiento inmediatamente, incluso llamando al 911, si es necesario.6